sábado, 29 de agosto de 2009

MEET ME ON THE EQUINOX DE DEATH CAB FOR CUTIE

Meet me on the Equinox de Death Cab for Cutie será el tema principal de la banda sonora de Luna Nueva, la segunda película de la Saga Crepúsculo. La canción se presentará el próximo 13 de septiembre en la MTV.
Death Cab for Cutie es una banda de indie rock estadounidense formada en 1997 en Bellingham, Washington. Death Cab for Cutie toma su nombre de una canción sátira interpretada por Bonzo Dog Doo-Dah Band en su álbum Gorilla de 1967. Esta canción apareció en un striptease de la película de The Beatles Magical Mystery Tour.

Esta es la página web del grupo http://www.deathcabforcutie.com/

NUEVO CLIP PROMOCIONAL DE LUNA NUEVA

Nuevo clip promocional de la segunda entrega de la Saga Crepúsculo, Luna Nueva, que se estrenará en España el próximo 18 de Noviembre 2009. Robert Pattinson, Kristen Stewart y Taylor Lautner interpretarán de nuevo a los personajes principales, Edward Cullen, Bella Swan y Jacob Black.


viernes, 28 de agosto de 2009

CAPÍTULO SUPRIMIDO EN LUNA NUEVA: LLAMADA DE ROSALIE A EDWARD

CAPÍTULO SUPRIMIDO EN LUNA NUEVA:
Llamada de Rosalie a Edward (versión Edward Cullen)

El móvil de mi bolsillo sonó de nuevo. Era ya la vigésimo quinta vez que sonaba en veinticuatro horas. Barajé la opción de levantar la tapa para ver al menos quién trataba de contactar conmigo. Tal vez se trataba de algo importante. A lo mejor Carlisle me necesitaba.
Reflexioné un rato sobre ello, pero no me moví.
No estaba realmente seguro de dónde estaba. En algún ático oscuro y claustrofóbico, lleno de ratas y arañas. Las arañas me ignoraban, y las ratas se mantenían a cierta distancia de mí. El aire era denso, con un fuerte aroma a aceite de cocina, carne rancia, sudor humano, y la prácticamente sólida capa de polución que era de hecho visible en el aire húmedo, como una fina película negra que se había depositado encima de todo. Debajo de mí, cuatro historias de una vivienda modesta convivían conmigo, formando parte de mí. No me molestaba en separar sus voces de mis pensamientos – producían un fuerte clamor en español que no escuchaba. Tan sólo dejaba que los sonidos me entraran por un oído y me salieran por el otro. Insignificante. Todo ello era insignificante. Mi propia existencia era insignificante.
El mundo entero era insignificante.
Con mi frente presionada contra mis rodillas, me pregunté cuánto tiempo sería capaz de seguir así. A lo mejor era inútil. A lo mejor, si mi intento estaba condenado al fracaso de todas maneras, debería dejar de torturarme y volver…
La idea era tan tentadora, tan saludable – como si las palabras por sí solas contuvieran un fuerte sedante que borrara la montaña de dolor debajo de la que estaba enterrado – que me hacía jadear, me mareaba.
Podría dejarlo ahora, podría volver.
La cara de Bella, siempre tras de mis párpados, me sonreía.
Era una sonrisa de bienvenida, de perdón, pero no ejercía la influencia que mi subconsciente probablemente intentaba darle.
Desde luego que no podía volver. ¿Qué era mi dolor, después de todo, en comparación con su felicidad? Ella debería ser capaz de sonreír, libre de cualquier tipo de miedo o peligro. Libre de un futuro eterno y desangelado. Ella se merecía algo mejor que eso. Ella se merecía algo mejor que yo. Cuando dejara este mundo, iría a ese lugar que tan prohibido estaba para mí, sin importar mi conducta en este mundo.
La idea de ese final definitivo era mucho más intensa que el dolor que ya sentía. Mi cuerpo temblaba sólo de pensarlo. Cuando Bella tuviera que irse al lugar al que pertenecía y al que yo nunca podría ir, yo no podría quedarme atrás. Tiene que haber olvido. Tiene que haber alivio.
Esa era mi esperanza, pero no había garantías. “Dormir o, incluso, soñar. Ay, siempre igual” me dije. Incluso aunque no fuera más que cenizas, ¿de alguna manera seguiría sintiendo la tortura de su pérdida?
Un escalofrío me recorrió la espalda de nuevo.
¡Maldita sea! Lo había prometido. Le había prometido que no volvería a atormentar su vida de nuevo, trayendo mis oscuros demonios a ella. No iba a volver a su mundo. ¿Podría reportarle algún bien? ¿Cualquier mínimo bien?
La idea de volver al pequeño y permanente nublado pueblecito que siempre sería mi verdadero hogar en este planeta volvió a colarse en mis pensamientos de nuevo.
Sólo para asegurarse. Sólo para ver que ella estaba bien, segura y feliz. No para intervenir. Ella nunca se enteraría…
No. Mierda, no.
El móvil vibró de nuevo.
“Mierda, mierda, mierda”, gruñí.
Podría aprovechar la distracción, supuse. Abrí el móvil, observé los números, dándome el primer susto que había sentido en seis meses.
¿Por qué estaría Rosalie llamándome? Ella sería probablemente la que más se estaba divirtiendo con mi ausencia.
Debía de tratarse de algo realmente importante si ella necesitaba hablar conmigo. De repente empecé a preocuparme por mi familia y apreté el botón de llamada.
“¿Qué?, le pregunté muy tenso.
“Oh, wow. Edward me ha respondido al teléfono. Me siento tan honrada…”
Tan pronto como oí su tono de voz, supe que mi familia estaba bien. Debía de estar muy aburrida. Resultaba difícil adivinar sus motivos sin tener sus pensamientos como guía. Rosalie nunca había tenido mucho sentido para mí. Sus impulsos estaban normalmente basados en los más retorcidos sentidos de la lógica.
Colgué y cerré el móvil bruscamente.
“Déjame en paz”, susurré para mí mismo.
Como era de esperar, el móvil volvió a sonar de nuevo.
¿Seguiría llamándome hasta que le pasara a otro el mensaje con el que tenía planeado molestarme? Probablemente. Pasarían meses hasta que se sintiera cansada de este juego. Barajé la posibilidad de dejar que se pasara el resto del año apretando una y otra vez el botón de rellamada… y entonces suspiré y respondí al teléfono otra vez.
“Ve directa al grano.”
Rosalie me lanzó de sopetón las palabras: “Supuse que te gustaría saber que Alice está ahora mismo en Forks.”
Abrí los ojos y me quedé mirando fijamente a las vigas de madera podrida a tres pulgadas de mi cara.
“¿Qué?” Mi voz era llana, sin emociones.
“Sabes como es Alice – Como si ella lo supiera todo. Como tú” Rosalie se rió sin gracia. Su voz tenía un deje de nerviosismo, como si de repente no estuviera del todo segura sobre lo que iba a hacer.
Pero mi rabia hizo difícil que me preocupara qué problema tenía Rosalie.
Alice me había jurado que seguiría mi iniciativa por respeto a Bella, sin importar si estaba de acuerdo o no con mi decisión. Ella había prometido que dejaría a Bella sola… tanto tiempo como yo lo hiciese. Claramente, había pensado que tarde o temprano me doblegaría al dolor. A lo mejor tenía razón respecto a eso.
Pero no lo había hecho. No aún. Así que, ¿qué estaba haciendo en Forks? Quería estrujar su cuello tan delgado. Seguramente Jasper no me dejaría acercarme tanto a ella, aunque una vez que captara un atisbo de la furia que manaba de mí…
“¿Sigues ahí, Edward?”
No respondí. Apreté el puente de mi nariz, preguntándome si era posible que un vampiro tuviera migrañas.
Por otro lado, si Alice ya había vuelto…
No. No. No. No.
Había hecho una promesa. Bella se merecía una vida. Había hecho una promesa. Bella se merecía una vida.
Me repetí estas palabras como un mantra, tratando de apartar mi mente de la seductora imagen de la ventana oscura de la habitación de Bella; la puerta a mi santuario.
No había duda de que tendría que arrastrarme, si volvía. Eso no me importaba. Podría felizmente pasarme una década entera de rodillas si estuviera con ella.
No, no, no.
“¿Edward? ¿No te importa siquiera por qué Alice ha ido allí?”
“No precisamente.”
La voz de Rosalie se volvió ligeramente pagada de sí misma, encantada, sin duda, de haberme sonsacado una respuesta. “Bueno, desde luego, no está rompiendo exactamente las reglas. Quiero decir, bueno, en realidad nos dijiste que nos mantuviéramos lejos de Bella, ¿no? El resto de Forks no importa”.
Parpadeé muy despacio. ¿Bella se había ido? Mis pensamientos rondaban alrededor de esa idea tan inesperada. Aún no se había graduado, así que debía de haber vuelto con su madre. Eso era bueno. Podría vivir a la luz del sol. Era bueno que hubiera sido capaz de dejar las sombras tras de sí.
Traté de tragar, pero no pude.
Rosalie soltó una risita nerviosa. “Así que no tienes por qué estar enfadado con Alice”
“Entonces, ¿por qué me has llamado Rosalie, si era para meter a Alice en líos? ¿Por qué me molestas? Ugh!”
“¡Espera!”, dijo, sintiendo, correctamente, que podía volver a colgarle de nuevo. “¡Esa no es la razón por la que te he llamado!”
“¿Entonces por qué? Dímelo rápido y déjame en paz.”
“Bueno…”, dudó.
“Suéltalo de una vez, Rosalie. Tienes diez segundos.”

“Pensé que deberías volver a casa”, dijo rápidamente. “Estoy cansada de aguantar a Esme afligida todo el tiempo y a Carlisle sin reírse. Deberías sentirte avergonzado de de lo que les has hecho. Emmett te echa de menos todo el rato y me pone nerviosísima. Tienes una familia. Crece de una vez y piensa en algo más que en ti mismo.”
“Interesante consejo, Rosalie. Deja que te cuente una pequeña historia de una olla y una tetera… (Supongo que se trata de una fábula popular o algo así)
“Yo pienso en ellos, no como tú. Si no te importa cuánto daño les has hecho a los demás, ¿al menos de importa lo que ha sufrido Esme? Ella te quiere más que le resto de nosotros, y lo sabes. Vuelve a casa.”
No, respondí.
“Pensé que una vez que todo esto de Forks hubiera terminado, te repondrías.”
“Forks nunca fue el problema, Rosalie”, dije tratando de ser paciente. Lo que había dicho de Esme y Carlisle me había calado hondo. “Sólo porque Bella – era duro decir su nombre en voz alta – se haya mudado a Florida, no significa que yo sea capaz de… Mira, Rosalie. Lo siento de verdad, pero, créeme, nadie se sentiría más feliz si yo estuviera allí.”
“Mmm…”
Ahí estaba, esa nerviosa vacilación de nuevo.
“¿Qué es lo que no me estás contando, Rosalie? ¿Se encuentra Esme bien? ¿Es Carlisle…?”
“Ellos están bien. Es sólo que… bueno, yo nunca dije que Bella se hubiese mudado.”
No hablé. Desaté una conversación en mi cabeza. Sí, Rosalie había dicho que Bella se había mudado. Había dicho: “En realidad nos dijiste que nos mantuviéramos lejos de Bella, ¿no? El resto de Forks no importa”. Y luego: “Pensé que una vez que todo esto de Forks hubiera terminado…” Así que Bella no estaba en Forks. ¿Qué quería decir entonces? ¿Bella no se había mudado?
Entonces Rosalie volvió a hablar rápidamente, soltando las palabras enojada esta vez.
“No quieren que te lo diga, pero me parece estúpido. Cuanto antes te repongas de esto, antes las cosas volverán a la normalidad. ¿Por qué dejar que te deprimas por oscuras esquinas de todo el mundo sin necesidad para ello? Puedes volver a casa ahora. Podemos volver a ser una familia de nuevo. Se acabó.”
Mi mente parecía rota. No encontraba sentido a sus palabras. Parecía como si hubiera algo muy, muy obvio en lo que me decía, pero no tenía ni idea de lo que era. Mi cerebro barajaba la información, buscando extraños enlaces entre ella. No tenía sentido.
“¿Edward?”
“No entiendo lo que dices, Rosalie.”
"Hubo una larga pausa, equivalente a varios latidos del corazón de un humano.
“Está muerta, Edward”
Hubo una pausa aún más larga.
“Yo… lo siento. Tienes derecho a saberlo, vamos, eso es lo que creo. Bella… se tiró de un acantilado hace dos días. Alice lo vio, pero era demasiado tarde para hacer nada. Creo que habría ayudado, quiero decir, que habría roto su palabra, si hubiera tenido tiempo. Ella volvió para hacer todo lo posible por Charlie. Ya sabes cuánto se ha preocupado siempre por él.”
La línea quedó muerta. Me llevó unos segundos darme cuenta de que había sido yo el que había apagado el móvil.
Me senté en el suelo polvoriento un rato, el espacio se había congelado. Era como si el tiempo se hubiera terminado; como si el universo se hubiese parado.
Poco a poco, me fui moviendo como un hombre viejo. Volví a encender el móvil y marqué el único número al que me había prometido no volver a llamar nunca.
Si lo cogía ella, colgaría. Si lo cogía Charlie, le sonsacaría la información que necesitaba engañándolo. Probaría que el chiste sin gracia de Rosalie estaba equivocado, y entonces volvería a mi nada.
“Residencia Swan”, respondió una voz que no había oído nunca. Una voz ronca y profunda de hombre, pero con un deje aún juvenil.
No me paré a pensar en las implicaciones de aquello.
“Soy el Dr. Carlisle Cullen”, dije, imitando perfectamente la voz de mi padre. “¿Puedo hablar con Charlie?”
“No está aquí”, respondió la voz, sorprendiéndome un poco el enfado de su voz. Las palabras eran casi un gruñido. Pero eso no importaba.
“Bueno, ¿dónde está entonces?”, pregunté, poniéndome cada vez más impaciente.
Hubo una pequeña pausa, como si el extraño quisiera negarme cierta información.
“Está en el funeral”, respondió finalmente el chico.
Colgué el móvil otra vez.
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CAPÍTULO SUPRIMIDO DE LUNA NUEVA: ERROR DE CÁLCULO

CAPÍTULO SUPRIMIDO DE LUNA NUEVA:
Error de cálculo(versión de Rosalie)

Un minúsculo sonido –no aquí, sino a unas cien yardas al norte- me hizo saltar. Mi mano se aferró automáticamente al teléfono, cerrándolo y ocultándolo de la visión en el mismo movimiento.
Coloqué mi pelo sobre mi hombro de un tirón y eché una ojeada furtiva al bosque través de las altas ventanas. El día era oscuro, nublado; mi propio reflejo era más brillante que los árboles y las nubes. Miré fijamente mis ojos anchos y asustados, mis labios curvados hacia abajo, el pequeño pliegue vertical de mi frente...
Fruncí el ceño, cambiando la expresión de culpabilidad por una de desprecio. Atractivo desprecio. Distraída, observé cómo una fiera expresión satisfizo mi cara, haciendo un contraste agradable con el oro de mis gruesos rizos. De la misma manera, mis ojos exploraron el vacío bosque de Alaska, y me hicieron ver que aún estaba sola. El sonido no había sido nada, un pájaro o la brisa.
No hay necesidad de aliviarse, me dije. No hay por qué disculparse. No he hecho nada malo.
¿Estaban los otros planeando no decirle nunca la verdad a Edward? ¿Dejarlo revolcarse en la angustia para siempre en los tugurios repugnantes, mientras que Esme se afligía y Carlisle conjeturaba cada una de sus decisiones, y la alegría natural de Emmett desaparecía lentamente en soledad? ¿Era eso justo?
Además, no había manera de guardar secretos a Edward a largo plazo. Antes o después él vendría a vernos, a ver a Alice o Carlisle por alguna razón, y luego habría descubierto la verdad. ¿Iba a darnos las gracias por mentirle con nuestro silencio? Difícilmente. Edward siempre tuvo que saberlo todo; él vive para este sentido del saber. Él habría tenido una gran rabieta, y se habría enfadado mucho solamente por el hecho de que le hubiéramos escondido la muerte de Bella.
Cuando se calme y deje atrás este lío, probablemente me dé las gracias por ser la única lo bastante valiente para ser honesta con él.
Millas a lo lejos, un halcón graznó; el sonido me hizo saltar y mirar a la ventana de nuevo. Mi cara adoptó la misma expresión culpable de antes y me lancé a mi misma una mirada de ira en el cristal.
Muy bien, así que yo tenía mi propio orden del día. ¿Era tan malo querer que mi familia estuviera unida de nuevo? ¿Era tan egoísta echar de menos la paz de cada día, la felicidad anterior que me habían concedido, la felicidad que Edward parecía haberse llevado con él en su vuelo?
Yo sólo quería que las cosas fueran como antes. ¿Era tan malo? No parecía tan horrible. Después de todo, yo no había hecho esto sólo para mí, sino para todos. Esme, y Carlisle, y Emmett.
No tanto para Alice, aunque yo lo habría asumido... Pero Alice había estado segura de que las cosas se resolverían al final –que Edward iba a ser incapaz de permanecer alejado de su pequeña novia humana- así que ella no había estado incómoda por el luto. Alice siempre ha funcionado en un mundo diferente al del resto de nosotros, encerrada en su realidad siempre cambiante. Desde entonces Edward fue el único que podría participar en esa realidad. Había pensado que su ausencia sería más dura para ella. Pero ella estaba segura como siempre, viviendo el futuro, con su mente en un tiempo que su cuerpo no había alcanzado todavía. Siempre tan tranquila.
Ella había sido frenética y valiente cuando vio a Bella saltar aunque...
¿Había sido yo demasiado impaciente? ¿Había actuado demasiado pronto?
Puede ser también que haya sido honesta conmigo misma, porque Edward vería cada poquito de mezquindad en mi decisión tan pronto como volviera a casa. Podía también reconocer mis malos motivos, aceptarlos ahora.
Sí, estaba celosa por la manera en que Alice trataba a Bella. ¿Habría corrido Alice tan precipitadamente si me hubiera visto a mí saltar desde un acantilado? ¿Había amado a aquella banal muchacha humana más que a mí?
Pero esos celos eran algo insignificante. Esto podría haber apresurado mi decisión, pero no controlarla. Habría llamado a Edward de todos modos. Estaba segura de que él preferiría mi honestidad directa y franca sobre el engaño más amable de otros. Su bondad estaba condenada desde principio; Edward habría venido a casa finalmente.
Y ahora él podría venir a casa más pronto.
No era solamente la alegría de mi familia lo que añoraba.
Francamente también echaba de menos Edward. Echaba de menos sus comentarios, su sarcasmo que congeniaba más con mi propio sentido negro del humor que la naturaleza chistosa y soleada de Emmett. Echaba de menos la música –su estéreo atronador, su último descubrimiento independiente y el piano, el sonido que teje sus pensamientos por lo general remotos en la transparencia de las canciones de Edward. Lo echaba de menos tarareando en el garaje a mi lado mientras poníamos a punto los coches, el único momento en que nosotros estábamos perfectamente sincronizados.
Echaba de menos a mi hermano. Seguramente él no me juzgaría demasiado duramente cuando viera esto en mis pensamientos.
Esto sería incómodo durante un tiempo, lo sabía. Pero cuanto antes volviera a casa, antes podríamos volver a la normalidad de nuevo...
Registré mi mente en busca de algún tipo de dolor por Bella, y estuve encantada de descubrir que realmente me afligí por la muchacha. Un poco. Ella había hecho feliz a Edward como no lo había visto antes. Por supuesto, ella también le hizo más miserable que ninguna otra cosa en su siglo de vida. Pero yo echaría de menos la paz que ella le había dado en esos cortos meses. Yo podría realmente lamentar su pérdida.
Este conocimiento me hizo sentir mejor conmigo misma, complacida. Sonreí a mi rostro en el cristal, enmarcándolo de nuevo en mi pelo dorado y las paredes rojas de cedro del salón largo y acogedor de Tanya, y disfrutando de la visión. Cuando sonreía, no había ninguna mujer u hombre en este planeta, mortal o inmortal, que pudiera competir conmigo en belleza. Era un pensamiento confortable. Quizás yo no era la persona más fácil con quien vivir. Quizás yo era superficial y egoísta. Quizás yo habría desarrollado un carácter mejor si hubiera nacido con una cara poco atractiva y un cuerpo aburrido. Quizás habría sido más feliz de esa manera. Pero eso era imposible de probar. Yo tenía mi belleza; era algo con lo que podía contar.
Ensanché mi sonrisa.
El teléfono sonó y automáticamente mi mano se tensó, aunque el sonido procedía de la cocina y no de mi puño.
Supe en seguida que era Edward. Llamaría para comprobar la información que le di. Él no habría confiado en mí. Aparentemente me vio lo bastante cruel para gastarle una broma sobre esto. Fruncí el ceño mientras revoloteaba a la cocina para contestar al teléfono de Tanya.
El teléfono estaba muy al borde del largo y obstaculizador mostrador de carnicero. Lo atrapé antes de que el primer pitido cesara, y me giré hacia las puertas francesas cuando contesté. No quería admitirlo, pero sabía que miraba afuera por si regresaban Emmett y Jasper. No quería que me oyeran hablar con Edward. Se enfurecerían...
- ¿Sí? – pregunté.
- Rose, necesito hablar con Carlisle ahora mismo – Alice habló bruscamente.
- ¡Oh, Alice! Carlisle está cazando. ¿Qué...?
- Bien, pero que me llame en cuanto llegue.
- ¿Qué pasa? Lo detectaré enseguida y haré que te llame...
- No – Alice interrumpió de nuevo -, habré tomado un vuelo. Oye, ¿sabes algo de Edward?
Sentí mi estómago retorcerse, pareció caerse más abajo en mi abdomen. El sentimiento trajo consigo una extraña sensación de déjà vu, una indirecta débil de una memoria humana perdida durante mucho tiempo. Náuseas...
- Bien... Sí, Alice. Ahora. He hablado con Edward. Hace tan solo unos minutos –por un instante barajé la idea de fingir que Edward me había llamado a mí, una simple coincidencia. Pero por supuesto no había razón para mentir. Edward iba a darme bastantes problemas cuando regresara a casa.
Mi estómago continuó apretando de manera extraña, pero lo ignoré. Decidí mostrarme enfadada. Así Alice no me hablaría bruscamente. Edward no quería mentiras; él quería la verdad. Él me apoyaría en eso cuando volviera a casa.
- Tú y Carlisle estabais equivocados – dije -. Edward no apreciaría la mentira. Él quería la verdad. La quería. Así que se la di. Le llamé... le llamé muchas veces – admití -. Hasta que lo cogió. Un mensaje podría haber sido... equivocado.
- ¿Por qué? – Alice jadeó - ¿Por qué lo has hecho, Rosalie?
- Porque cuanto antes dejara esto, antes volveríamos a la normalidad. El tiempo no facilitaba las cosas, así que ¿por qué aplazarlo? El tiempo no iba a cambiar nada. Bella está muerta. Edward se afligirá, y luego lo olvidará. Mejor que empiece ahora que más tarde.
- En fin, te has equivocado en ambos casos, aunque, Rosalie, era fácil suponer que iba a ser un problema, ¿a que sí? – Alice preguntó en un tono violento y cruel.
¿Equivocada en ambos casos? Parpadeé con rapidez, intentando comprender.
- ¿Bella aún está viva? – susurré, sin creer las palabras. Sólo intentaba comprender a qué casos se refería Alice.
- Sí, exacto. Ella se encuentra perfectamente...
- ¿¿Perfectamente?? ¡La viste saltar desde un acantilado!
- Me equivoqué.
Las palabras sonaron extrañas en la voz de Alice. Alice, quien nunca se equivocaba, nada la pillaba por sorpresa...
- ¿Cómo? – susurré.
- Es una larga historia.
Alice estaba equivocada. Bella estaba viva. Y yo había dicho...
- Bien, tú has cometido un error – gruñí, convirtiendo mi disgusto en acusación -. Edward estará furioso cuando llegue a casa.
- Pero en eso también te equivocas – dijo Alice. Podría decir que estaba hablando entre dientes -. Esa es la razón por la que llamo...
- ¿En qué? ¿En que Edward va a volver a casa? Por supuesto que lo hará – me reí burlona - ¿Qué? ¿Piensas que va a actuar como Romeo? ¡Ja! Algo estúpido, romántico...
 Sí – Alice siseó, su voz era como el hielo -, eso es exactamente lo que vi.
La dura convicción de sus palabras me hizo sentir mis rodillas extrañamente inestables. Agarré una viga de madera de cedro como soporte, un soporte que mi cuerpo, duro como el diamante, no podría necesitar – No. Él no es tan estúpido. Él... él debe hacer que...
Pero no pude terminar la frase, porque yo pude ver en mi mente mi propia visión. Una visión de mí misma. Una impensable visión de mi vida si por alguna razón Emmett dejara de existir. Me estremecí sólo de pensarlo.
No, no había comparación. Bella era sólo una humana. Edward no quería hacerla inmortal, así que no era lo mismo. ¡Edward no podía sentir lo mismo!
-Yo... yo no pensé así, Alice. ¡Yo sólo quería que él volviera a casa! – mi voz era casi un aullido.
- Es un poco tarde para eso, Rose – dijo Alice, más dura y fría que antes -. Guárdate tu remordimiento para quien te crea.
Hubo un clic, y luego un pitido.
- No – susurré. Sacudí mi cabeza lentamente por un momento -. Edward tiene que volver a casa.
Miré mi cara en el panel de cristal de la puerta francesa, pero ya no pude verla más. Era sólo una mancha amorfa de blanco y dorado.
Luego, a través de la mancha, muy lejos en los bosques distantes, un enorme árbol se tambaleó peligrosamente, perdiendo la sincronía con el resto del bosque. Emmett.
Tiré de la puerta para apartarla de mi camino. Se cerró bruscamente dando un golpe en la pared, pero el sonido estaba lejos detrás de mí cuando me sumergí en el verde corriendo a gran velocidad.
- ¡Emmett! – grité - ¡Emmett, ayúdame!
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CAPÍTULO SUPRIMIDO DE LUNA NUEVA: RESUMEN DESDE EL PUNTO DE VISTA DE JACOB

CAPÍTULO SUPRIMIDO EN LUNA NUEVA:
Resumen desde el punto de vista de Jacob

Hay un vampiro cerca. Primero piensas que es la pelirroja, y supones que ha usado la distracción de la muerte de Harry para entrar furtivamente. No estás seguro de dónde está o si está observando. Tienes miedo de transformarte y cazarla, en caso de que te rodee mientras la estás siguiendo. Decides que el mejor plan es llevar a Bella de vuelta a La Push, dejar a Embry con ella, y cazar a la pelirroja con Sam.
Aunque algo no está bien. El olor está apagado. Es un vampiro, obviamente, pero no el mismo cuyo olor ha estado quemando tu nariz durante la última semana.
Antes de que puedas darte cuenta, Bella te está diciendo que pares. Su rostro se enciende más brillante de lo que habías podido ver desde el día que vino buscándote, toda destrozada. Ella piensa que los Cullen han regresado, y el coche brillante aparcado junto a su casa sostiene esa teoría. Su entusiasmo te enferma. Todo lo que ella quiere es ir al encuentro del vampiro, como si ella no fuese parte de su dieta. Estás furioso. Te resulta difícil calmarte.
Está claro que tendrás que llevártela a la fuerza si quieres impedirle que entre. Ella parece convencida de que son sus vampiros. Ella ya se ha ido –mentalmente, está a un millón de millas de ti. Y tú tienes tus responsabilidades. La pandilla ha estado ignorando completamente los límites del tratado desde la marcha de los Cullen. No puedes dejar que tus hermanos se metan en problemas, ahora que sabes que los Cullen han vuelto.
Odias dejarla allí, y estás tan enfadado porque eso es lo que ella quiere. El futuro que parecía tan esperanzador hace unos segundos se desmenuzada en nada. ¿La trae sin cuidado que la abandonaran? ¿No importa eso? Nunca ha expresado ningún enfado hacia ellos por lo que la hicieron. Supones que nunca sintió tal enfado. Ella acepta lo que hicieron sin cuestionarlo.
Necesitas irte, porque no vas a ser capaz de controlarte durante mucho más. Puedes sentir la furia creciendo. La dejas sola ahí en la calle, deseando más que nada que ella te llamará luego, que cambiará de opinión. Pero no lo hace.
Corres al hospital, y luego das la vuelta. El enfado ha disminuído un poco, y de nuevo estás agobiado por su seguridad.
Llamas, y ella responde. Es cierto. Los Cullen han vuelto, y ella elige a los vampiros antes que a ti.
Es una mala noche para los lobos Quileute. Sam establece de nuevo las líneas de patrulla así que sólo se están protegiendo las millas cuadradas de la reserva. Sam no quiere dejar ningún agujero –puede haber media docena de vampiros ahí fuera, y sus intenciones no son claras. Te preocupas por Bella y la pelirroja, pero Sam habla de dejar a los Cullen encargarse de lo suyo. Detestas la idea de Bella perteneciéndoles a ellos.
El día pasa. Ningún intento de cruzar la línea. Billy llama a Charlie, y parece que sólo uno de los Cullen ha regresado, y que está con ellos. Esto te saca de tus casillas. Esto afecta a Sam -¿cuál es la nueva política? ¿Siguen las fronteras en vigor? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Están regresando los demás? ¿Están al tanto de lo de la pelirroja? ¿La consideran bajo la protección de su tratado? Si es así, el tratado está roto. Y si no van a conducirla fuera, la pandilla les considerará junto con ella. Sam, Billy y el viejo Quil discuten la posibilidad de una guerra…
Pero primero Sam quiere información –intentar mantenerlo de modo civilizado todo el tiempo que sea posible- y te presentas voluntario para el trabajo. Insistes en ir en persona. Necesitas ver su cara, ver cuan profundamente está ella implicada. Dices a Sam que obtendrás la verdad mejor en persona, porque serás capaz de decir si está mintiendo. No le estás engañando con tus motivos, pero estás viendo que suena a obligado.
Vas durante el funeral, de modo que podrás hablar con ella honestamente, sin posibilidad de Charlie interrumpiendo. Jared y Embry no quieren dejarte ahí solo, incluso cuando estás seguro de que el vampiro se ha ido por el momento. Sabes que se mantendrán cerca, pero no les quieres escuchando. Quieres ser capaz de hablar francamente con Bella, pero es todo lo que puedes hacer para mantener la calma. Su casa huele –te quema la nariz. El olor del vampiro la rodea. Ambos estáis un poco hostiles, pero ella responde tus preguntas. La Cullen sólo está de visita. Te dices a ti mismo que todo volverá a la normalidad cuando la vampiro se vaya de nuevo.
No puedes obligarte a marcharte. Puedes ver que la has herido, y te vuelves para encontrarla llorando. Te sientes peor, y mejor. Mejor porque al menos se preocupa tanto por ti. Está llorando por ti. Eso ya es algo.
Eres capaz de conversar ahora, pero cuesta. Ella los ama. Los que la dañaron –los ama. Le importas, también, pero no tanto. Encima, la vampiro está llegando de nuevo… Estás confundido, no estás seguro de cómo sentirte.
La sostienes en tus brazos, y es como era antes –como debería ser. Tomas su rostro en tu mano, y de repente quieres besarla más que nada en el mundo. No es como lo habías planeado –mal momento con la vampiro rondando alrededor por alguna lugar. Pero también piensas que tal vez es así como debe ser. Tal vez ella sentirá eso. Ves el conflicto en sus ojos, y te preguntas hacia que lado se decantará cuando tus labios toquen los suyos.
El teléfono suena en este inoportuno momento, y lo respondes. ¿Qué otra opción tienes? Puede ser Sam, puede haber problemas. Escuchas el claro y musical tono de voz con el suave acento inglés, y sabes quién es con la primera palabra. Otro de ellos. Quizás Bella estaba equivocada respecto al regreso de los demás. Quizás estaba mintiendo.
Bella está enfadada de nuevo cuando el vampiro te cuelga. Antes de que te despejes, hueles la fresca quemadura de la aproximación de un vampiro. Oyes el débil sonido del casi silencioso acercamiento de la vampiro. Intentas irte, pero el olor es más fuerte delante de la estancia. Antes de que puedas salir, la chupasangre está aquí.
Es sólo una minúscula chica, pero después de que Bella te contara lo de los vampiros con talentos extra, no estás por bajar la guardia. Aunque ella no te presta atención. Ella parece ausente de su entorno, turbada por algo. Bella llama a su Alice. Alice nombra a Edward una vez, y Bella se arruga. ¿La ha dañado la vampiro? No has visto nada. Pero te lanzas hacia delante para agarrar a Bella antes de que la vampiro pueda tocarla, y separarla.
La pequeña vampiro parece muy trastornada, y esto te sorprende. No te habías percatado de que ellos tenían muchas emociones. Estás impresionado y sorprendido de lo cómodas que parecen Bella y Alice conversando entre ellas. Eras capaz de pensar que la vampiro no podría tocar humanos de esa manera sin herirlos. Y Bella está tan natural con Alice –capaz de interactuar con ella como si Alice fuera humana. Bella parece verla de ese modo –como una persona, incluso.
La conversación es difícil de seguir. Te enteras de que Edward Cullen está en alguna clase de problema y es por culpa de alguien llamado Rosalie. Bella está gritando y luego exigiendo ayudar, y la pequeña vampiro va a dejarla intentarlo, aunque tiene claro que es una misión suicida .

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Trailer de Luna Nueva extendido